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Tu Cesta

Audiovisita


Bienvenidos a la Cooperativa de Gandesa. Esta institución la forman, en la actualidad, unos 150 socios, propietarios de 1.000 hectáreas que producen 1,5 millones de kilos de uva (50% blanco y 50% tinto), en viñas jóvenes y viejas. La aceituna y la almendra también desempeñan un papel importante para nosotros.

Te encuentras en una catedral del vino modernista, un edificio de Cèsar Martinell donde se elaboró vino entre 1919 y 2002.

Si te sitúas sobre el punto de inicio de la audiovisita, verás las tres naves que forman el edificio. Ahora te encuentras en la sala de tinas. A tu izquierda, en una nave alta e iluminada, está la sala de recepción de la uva. Y en frente, en el fondo del pasillo, verás la sala de prensas, donde se encuentran las prensas de madera, que se podían mover con raíles, como si fuesen trenes.

En el punto 1, te encuentras en el centro del edificio, en la sala de tinas o también llamada nave de transformación. Si miras a lado y lado, verás 30 depósitos de hormigón de entre 20 y 30.000 litros, que en el pasado contenían vino. Y también bajo tierra hay otras 23 tinas, llamadas almazaras de 40.000 litros que también contenían vino. Desde este punto de inicio de visita, verás delante, una tapa redonda de cristal, en el suelo, donde se puede ver el fondo de una de las almazaras. Aparte de las tinas y las almazaras de este edificio, también había una tubería que, por debajo del suelo, llevaba vino al otro lado de la calle, donde cabían otros 2 millones de litros bajo tierra.

Puedes dirigirte al punto 2


Descripción de la sala y del proceso de elaboración original

Te encuentras en la nave alta, o sala de recepción. Esta nave conecta con la fachada de recepción de la uva. Detrás de esta pared está la plaza de los descargadores, donde se descargaba la uva en una fosa embaldosada. Esta puerta de madera que ves junto al número 2, da a esa fosa. Desde allí, la uva accedía con una cinta transportadora vertical y unos cubos hasta el interior del edificio, a través de las dos ventanas más altas de la nave, que entonces estaban sin cristal.

En el plano de Cèsar Martinell, en color, que tienes justo al lado de la puerta verás un dibujo de la cinta transportadora, y debajo, una foto reciente de cómo se vertía la uva.

Una vez dentro del edificio, en una estructura alta que se encontraba en esta sala y que ya ha desaparecido (pero que puedes ver en la foto), a la uva se le hacía el despalillado: se le sacaba el palo, la rapa y el grano de uva. Todo lo que no era uva, y se chafaba.

Una vez chafada pasaba directamente a las tinas, a través de canales. En las tinas se hacía la fermentación: un proceso por el que la levadura, las bacterias de la uva, se comen, de forma natural, el azúcar que contiene la uva, y lo transforma en alcohol. Llegados los 39 grados (este proceso natural produce calor y gases), las levaduras mueren y la fermentación se detiene.

Después de la primera fermentación, se hacían un sangrado, una “primera prensada” y el zumo se bajaba en las almazaras subterráneas donde se hacía una segunda fermentación. La pasta residual que quedaba en las tinas, la brisa, la piel de la uva, se pasaba por las prensas móviles, que por los carriles se transportaban manualmente hasta la boca de cada tina de hormigón. El zumo de la uva con pasta, se volvía a prensar, se hacía una "segunda prensada", y de la prensa pasaba también a los depósitos inferiores. Aquella misma brisa, esa piel, todavía se hacía pasar por cofines de esparto, que con una prensa hacía una “tercera prensada”. Cuanto más prensado estaba, menos calidad tenía ese líquido.

Aquellas pieles también se utilizaban para la maceración de los vinos tintos: la mezcla de los zumos y las pieles para que el vino coja el color oscuro.

Otros elementos de la sala: desde el viñedo hasta la botella y la copa.

A la izquierda de la puerta verás un gráfico grande, en una pared detrás de máquinas y aparatos originarios, donde verás cuál es el proceso de la uva desde diciembre hasta que te lo tomas en una copa.

También en la sala verás un pódium blanco con botellas, en donde encontrarás un listado de las personas que han hecho y hacen posible todo este proceso, los socios, los campesinos. Están todos los nombres de los socios, y en negrita los presidentes, del primer centenario de la Cooperativa.

Encima del panel ves los productos embotellados, que empezamos a elaborar a partir de los años 70. Por cada botella que ves, hay muchas horas de cuidar el campo, y muchas horas de elaboración, y la historia de familias enteras que llevan más de 100 años haciendo vino.

Además, si miras hacia el fondo de la nave, donde están las prensas, y miras hacia arriba, verás la silueta de las ventanas interiores, pintadas en blanco, que han inspirado la etiqueta de nuestra mejor gama de vinos: los Puresa, vinos monovarietales elaborados con uvas de viñedos muy viejos y seleccionados, y criados en barrica.

Vamos ahora a la sala de prensas, donde encontrarás los puntos 3, 4 y 5. Antes de entrar en la sala, en el marco del arco, a la derecha, verás dos fotos. En estas fotos verás cómo las prensas podían pasar, a través de los raíles, de un lado a otro de la calle. También de un lado a otro de la calle se decantaba el zumo del vino con pieles.


Estas cajas de madera, llamadas palots, han transportado durante muchos años botellas llenas de producto de la Cooperativa, esperando su transporte. Ahora recogen elementos gráficos de toda una vida haciendo vino. En un lado, verás dos posters de propaganda de la época de la guerra, de los dos bandos.

En el frontal, en el primer bloque de fotos, se ve la construcción de la bodega. Puedes ver cómo trabajaron indistintamente hombres y mujeres, cargando ladrillos, cemento y piedras. En el bloque dos puedes ver los primeros años de funcionamiento y fotos de 1939 cuando el ejército nacional entra en Gandesa. En el bloque 3, fotos de las viñas durante los años 60.

En el lado lateral, una pizarra original de los primeros años, un banco de la época y un anuncio en un diario de los años 20.


La filoxera

La filoxera, un pequeño insecto que ataca las raíces de las cepas hasta matarlas, llegó accidentalmente a Europa en 1860 desde un cargamento de cepas que provenía de América. Se extendió en poco tiempo ante la impotencia de los viticultores, que carecían de medios para detenerla.

Cuando la plaga de la filoxera llega al norte de Cataluña en el último tercio del siglo XIX, en la Terra Alta el viñedo se convierte en el cultivo principal, ya que permite cubrir el déficit de vino en las zonas infectadas por la enfermedad. La escasez de viñedos en otras zonas hace que a finales del siglo XIX fuera una época de bonanza para la Terra Alta, la calma perfecta antes de la tormenta.

La filoxera llega a la Terra Alta en 1899 y en 1902 ya ha afectado a la totalidad de la comarca. Durante la primera década del siglo XX, los pies de las cepas infectadas se queman y los viñedos se replantan con pies de cepa americano, resistentes a la plaga.

Somos una cooperativa

A principios del siglo XX, el empobrecimiento que provoca la filoxera hace aparecer a actores que quieren sacar rédito de la situación, como los comisionistas. Asociarse en cooperativas se ve como la mejor forma de alcanzar independencia financiera y comercial, y no depender de bancos ni comisionistas.

En pleno Noucentisme, la creación de la Mancomunidad de Cataluña provoca un resurgimiento en el país: se moderniza la escuela, se crea la red de bibliotecas, se normaliza la lengua y se fomenta la creación de cooperativas agrarias para fortalecer las comunidades locales de campesinos. Cuanta más cultura tiene la gente, más difícil es que le engañen.

En este contexto, el 19 de febrero de 1919, cuarenta y ocho familias de Gandesa, deciden unirse para crear el Sindicato Cooperativo de Gandesa. Éstas eran las condiciones para asociarse: ser del pueblo, aportar 20 pesetas y tierras (o su trabajo) y pesar más de 50 kilos, para evitar así el trabajo de menores.

Tradición milenaria

Nuestro territorio tiene una tradición vitivinícola casi milenaria. La Orden del Templo a través de los “Costums d’Orta”, de 1296, y los “Costums de Miravet”, de 1319, ya dejaba constancia del cultivo del viñedo y la producción de vino en Gandesa.

La Terra Alta tiene una vida e identidad vitivinícola propia. El célebre escritor Joan Perucho, e incluso Pablo Picasso, sabían que nuestros vinos se distinguían entre vírgenes o brisados, ambos blancos. A lo largo de la historia se habían hecho populares los vinos denominados como “de Gandesa”, especialmente blancos, pero también tintos.

La altitud, el suelo, el clima, los métodos de cosecha y producción hacen que nuestros vinos y aceites sean únicos. La altitud de los cultivos oscila entre 350 y 550 metros. Contamos con 17 perfiles de suelo. Disfrutamos de clima mediterráneo con influencia continental, con oscilaciones entre los 6ºC bajo cero y los 38ºC. Y contamos con el cierzo y la garbinada y una escasa pluviosidad.



Séptima maravilla

El edificio de la Cooperativa es una de las Catedrales del vino de Cataluña, catalogado como Bien Cultural de Interés Nacional y elegido como una de las siete maravillas de Cataluña, en votación popular en el año 2007 junto con la Sagrada Família, la Seu Vella de Lleida, la Tarraco romana, el centro histórico de Vic, la Catedral de Girona y la Abadía de Sant Miquel de Cuixà.

El edificio fue encargado al arquitecto Cèsar Martinell, discípulo de Antoni Gaudí y Josep Puig i Cadafalch. La bodega fue finalizada en enero de 1920, y nada más terminar, se realizó una ampliación en un solar del otro lado del camino: se construyeron depósitos subterráneos y el molino de aceite y las obras se acabaron el mes de noviembre de 1920.

En 1986, el arquitecto Manuel Ribas Piera, siguiendo el proyecto original de Martinell, construyó una taberna en la parte posterior (es el actual vestíbulo de visitas y zona de oficinas). Entre 2011 y 2014 el conjunto modernista fue rehabilitado.

Edificio innovador

Martinell realizó una gran cantidad de edificios destinados a hacer vino y aceite. En Gandesa, su experiencia sumada a la falta de recursos económicos, hizo que hoy tengamos un edificio con bastantes innovaciones arquitectónicas que buscaban economizar el presupuesto y que lo hacen único.

Por ejemplo, aquí Martinell suprimió la planta basilical y por eso tenemos un edificio de planta irregular y sin fachada principal.

También prescindió de la madera (encarecida por la 1a Guerra Mundial) y de la estructura a dos aguas. Empleó en cambio la bóveda catalana de cuatro puntos, que descansa sobre los arcos parabólicos del interior. En la cubierta no hay tejas, sino un simple recubrimiento de argamasa y cal. La bóveda catalana permitió dejar pequeñas aperturas triangulares, en la parte superior, que crean ventanas y corrientes de aire ideales para el vino y la salida de los gases de vinificación.

Con Martinell trabajaron el enólogo Isidre Campllonch y el técnico oleícola Emili Rovirosa.

Con nuestras manos

La Cooperativa se fundó el 19 de febrero de 1919 y las obras estaban acabadas en enero de 1920. ¡en menos de un año! En noviembre de 1920, terminaban también las obras del molino de aceite que construyeron junto a la Bodega. El coste total fue de 200.000 pesetas, cinco veces menos que otras cooperativas del propio arquitecto. ¿Por qué se construyó tan rápidamente y con tanto ahorro?

Como no había muchos socios cooperativistas con capital, entre todos aportaron la mano de obra para construir el edificio. Las familias que fundaron la Cooperativa levantaron el edificio con sus propias manos.

En la construcción trabajaron muchas mujeres y sólo las cargas más pesadas se reservaron a los hombres. Cuando hoy vemos la delicadeza de encaje, casi de telaraña que son las columnas vacías que se levantan tres pisos de alto, debemos pensar en ellas, en las mujeres, y saber que no se diseñaron así por estética sino para ahorrar ladrillos.


Guerra a 100 metros

Entre la segunda década del siglo XX y el estallido de la Guerra Civil, el ritmo y volumen de kilos de uva crece vendimia tras vendimia y se consolidan los procesos de vinificación del propio vino.

Así pues, en la Cooperativa de Gandesa comienzan a comercializarse los primeros litros de vino brisado siguiendo los métodos exportados de Burdeos y con un control de calidad poco frecuente durante los tiempos de la II República.

Durante la guerra, la Cooperativa sigue funcionando con normalidad hasta mediados del año 1937, cuando la mayoría de socios masculinos deben marcharse al Frente.

Es en su ausencia, mientras a escasos metros se está librando la batalla más trascendental y larga de la guerra, las mujeres de la Cooperativa toman el timón de la Bodega y aseguran su actividad durante más de año y medio, hasta el fin del conflicto.

El vermut nos salva

1939. Los viñedos están llenos de proyectiles, chatarra y cadáveres. Ante la desolación, los socios toman una decisión que cambiará el rumbo de su historia: patentar el vermut Terralta (elaborado desde 1932) y venderlo en botellas monodosis, cuyo precio les daba mejor margen.

Compraron una máquina embotelladora por 3.000 pesetas (un dineral). Las cajas para vender el vermut las hacía el carpintero del pueblo para 24, 36 y 100 botellitas. En 1941 se puso en marcha una sonada campaña de marketing: alquilaron una gran pared frente a la Monumental de Barcelona y pintaron la imagen del vermut con un coste... ¡de 7.500 pesetas! Con ésta y otras acciones conseguimos nombre, visibilidad y prestigio.

A raíz de la guerra mundial, en 1946 los socios dejan de poder importar especies italianas para elaborar el vermut y comienzan a utilizar especies autóctonas. En 1954 un cambio en la ley hace que la Cooperativa venda la patente y la fórmula del vermut a Cinzano, por 7.000 pesetas.

Nos abrimos al país

En 1947 la deuda por la construcción de la bodega ha quedado saldada. La nueva vía ferroviaria que conecta la Terra Alta con Tortosa (y ésta, a su tiempo, con Barcelona y Valencia) abre un abanico de posibilidades comerciales hasta entonces desconocidas.

Después de que el famoso vermut Terralta de Gandesa se haya exportado a todo el país y se haya convertido durante los años cuarenta en el auténtico motor del Sindicato Cooperativo, a mediados de los años cincuenta, coincidiendo con el inicio de la etapa aperturista del régimen de Franco, también el comercio del aceite o las almendras se convierte en una de las fuentes de inversión que sustentan el día a día del Sindicato.

Así es como durante la década de los años cincuenta, sesenta y setenta se aumenta de forma exigua pero constante el número de socios de la Cooperativa.


3,2,1… ¡a embotellar!

Hasta los años 70, todo el vino de la Cooperativa se vendía a granel, en los grifos de la tienda. Sólo el vermut se había embotellado, hasta ese momento.

A finales de los años 70 del siglo XX la Cooperativa toma la decisión de reformar y ampliar la Bodega, iniciando unas obras que durarán tres años y que la convertirán en un espacio más moderno, diáfano y ágil. En ese momento, se crea una marca comercial propia, Gandesa de Vins, que permite comercializar los primeros vinos embotellados de la Cooperativa; al mismo tiempo, en el año 1982 la Generalitat de Catalunya crea la Denominación de Origen Terra Alta, que pone el acento en los valores del terroir.

Garidells (el primer blanco fermentado en barrica), Cèsar Martinell, Varvall (el primer crianza de la comarca, a finales del 80), Antic Castell, Meserols... todas son marcas de la Cooperativa que tuvieron mucho éxito... Del Varvall llegó a venderse entre 30.000 y 40.000 botellas anualmente.

Una bodega para el s.XXI

Con la llegada del nuevo milenio, la cooperativa decidió realizar un cambio tecnológico drástico para adaptarse a los nuevos tiempos y, como siempre, se llevó a cabo desde la innovación y la calidad. La nueva bodega, creada de nuevo en el año 2002, dispone de los depósitos de acero inoxidable correspondientes para cada tipo de elaboración, refrigeración, sala de botas, zona de embotellado y almacén de producto terminado.

Con un coste de 5 millones de euros, la deuda de la nueva bodega quedó saldada en el 2021, casi veinte años después del inicio de las obras. En esta revolución contamos con la ayuda de muchas bodegas del mundo, y universidades como la Rovira y Virgili.

La bodega original, proyectada por Cèsar Martinell es un espacio donde ya no se vinifica (salvo la tina 14, que es la de nuestro vinagre), y ahora sólo acoge visitas. La antigua bodega tenía casi 3 millones de litros en almazaras subterráneas de hormigón. Con la nueva bodega se acogen 2.767.000 litros en tinas de acero.

Lluvia de premios

Gran parte del éxito de nuestros vinos es que los hacemos en el viñedo: escogemos muy bien cada uva y hacemos un seguimiento durante todo el año. Con la nueva bodega se notó un salto de calidad pero también con el inicio de una selección más estricta. A la llegada de la uva a la Cooperativa, se puntúa y paga la uva en función de su calidad.

La colección actual de vinos ha obtenido decenas de premios y buenas puntuaciones en los premios Grenaches du Monde, en los Vinari, en la Guía Peñín o en la Guía de Vinos de Cataluña. A pesar de ser muchos socios, tenemos un producto de excelencia, y la palabra “cooperativa” ya nunca más podrá ser asociada a vino de baja calidad. Estamos a la altura de las mejores bodegas del mundo.

Puresa, Somdinou y Gandesola: tres marcas fuertes con muchos premios. Gandesola es la marca del vino de viñedo joven. Somdinou, de viñedos de mediana edad con fermentación en barrica y crianza. Los Puresa son vinos monovarietales de uva de viñedos de más de 50 años, fermentados y macerados en acero inoxidable y criados en barricas de roble francés durante 12 meses.


Más de 100 años de aceite

Al terminar las obras de la bodega, en enero de 1920, los socios pidieron al arquitecto proyectar un molino de aceite al otro lado del camino, que se inauguró en noviembre de 1920. Justamente 100 años después, estrenamos una nueva gama de aceites: la Gandesoli Gold Collection, de cosecha temprana y especialmente seleccionada.

La nueva colección, que incluye aceites coupage y monovarietales (arbequina y empeltre) en formato premium para mesa, restauración, cocina y garrafas de 2 y 5 litros se suma a la gama Gandesoli normal, que se presenta en formato garrafa monovarietal de 2 y 5 litros. El aceite de la Cooperativa de Gandesa es Aceite de Oliva Virgen Extra con extracción en frío.

Desde 1920 hasta los años 90, elaboramos todo el aceite en nuestro propio molino, hasta que las máquinas quedaron obsoletas. En la actualidad, nuestros socios cosechan unos 220.000 kilos de aceitunas, que representan unos 40.000 kilos de aceite y elaboramos, envasamos y mantenemos un estricto control de calidad en instalaciones de terceros.

Tradición propia

Muy cerca de la Cooperativa se conserva el olivo milenario más antiguo de Cataluña, testimonio de la elaboración de aceite en la comarca desde hace cientos de años.

La personalidad del aceite de la Terra Alta viene determinada por su variedad principal, el empeltre, variedad autóctona y tradicionalmente cultivada en la zona, caracterizada por su elevado contenido graso y la excelente calidad de sus aceites. Es una variedad perfectamente adaptada a suelos pobres y resistente a la sequía y al frío.

El proceso de elaboración ha variado técnicamente, pero en la Cooperativa seguimos manteniendo los primeros pasos: la recepción, el control de calidad y la selección de aceitunas para aceite o para envasar en formato mesa.

Aunque están en desuso, seguimos conservando los silos, las piedras de granito para molturar (en la plaza de la Cooperativa que da a la carretera nacional), los cofines de esparto para filtrar, las prensas hidráulicas, la lavadora de aceitunas, etc.

Sube ahora las escaleras y dirígete al punto 6. A medio camino de las escaleras, fíjate en la fotografía del lado de la ventana grande. Como ves en el dibujo, esta ventana no era una ventana, sino una puerta que debía salir a una gran terraza que estaba proyectada y que finalmente no llegó a construirse.

Dirígete al punto 6, el bosque de columnas de la Cooperativa.


Has llegado al bosque de columnas de la Cooperativa. Este espacio, tan fotografiado e icónico de la Cooperativa, nos deja hacernos una idea de la esbeltez de la estructura del edificio, y vemos los arcos que soportan esta gran catedral del vino.

Esta planta era el acceso a las tinas: por las tapas superiores de las tinas se podía entrar para realizar la limpieza periódica, etc.

Te recomendamos que hagas un paseo con calma por este bosque de columnas, que hagas unas fotos o selfies y que antes de irte, justo debajo de las escaleras, firmes en nuestro libro de visitas y nos dejes tu opinión.

¡Muchas gracias por tu tiempo y por tu visita, esperamos verte de nuevo muy pronto!

 


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