Hoy iniciamos, para que los conozcan de primera mano, una serie de historias sobre los socios de la Cooperativa de Gandesa, los verdaderos motores y razón de ser de nuestra casa. Son unos 150 socios, propietarios de unas 1.000 hectarias que producen 2 millones de kilos de uva y también aceituna y almendras.

Hoy es el turno de Vicent Soro. Nos cuenta que él se ha dedicado al campo desde siempre. Sus bisabuelos, sus abuelos y sus padres se han dedicado siempre al campo, ya él ya su hermano les viene de tradición familiar, sólo estroncada por la guerra civil.


Vicent no se dedica plenamente (como lo hace, por ejemplo, su hermano), pero le dedica el fin de semana, las vacaciones y los festivos. Entre mayo y septiembre se dedica más, "al 200%", nos dice, y busca a gente que le ayuda.

A él, del campo, le gusta todo. Para él es una enseñanza de vida cada vez que va: esfuerzo, trabajo bien hecho, ya veces también frustración cuando cae una granizada o una plaga deja en mal estado los viñedos. La vendimia es el período más álgido: “te llena mucho, la vendimia, cuando ves todo el trabajo de un año”

Tienen unas 14 hectáreas de terreno, repartidas en fincas muy pequeñas y otras más grandes, que tienen viñedos jóvenes u otros más viejos (me dice, por ejemplo, que su hermano lleva un viñedo que tiene unos 100 años!). La finca más pequeña que tiene, es de unas mil cepas… son unas 0,3 hectáreas. Me cuenta que una hectárea suelen ser unas 2.500 o 3000 viñedos.


La finca que aparece en las fotos es una finca cercana a la Cooperativa que se llama 'el Collet'. Para ellos, todas las fincas tienen nombres, según la partida, según la zona donde se encuentran, por ejemplo, “las sandroses”, “las sierras”, “bordaval”, “Castellnou”, “Carrubes”…

De los viñedos que tienen, hay cuatro hectáreas que tienen riego y los otros sin riego. El riego en Gandesa es algo relativamente reciente: los hay desde hace unos quince años en la Terr Alta, y sólo se usa el agua cuando las plantas tienen el máximo estrés hídrico, si acaso, una hora en la semana. La tradición de la Terra Alta es de no regar. Sin embargo, estamos en unos cambios de tiempo que lo hacen muy inestable todo. Este año, en concreto, me cuenta, no ha habido sazón profundo, es decir, humedad más allá de los 40-50 centímetros bajo tierra. En Gandesa hay un tipo de suelo que se aprieta mucho. Ahora hay como una moda de no labrar, me cuenta, pero en esta tierra si no se abre cuatro o cinco veces al año, para matar a las malas hierbas y para intentar hacer durar al máximo la humedad, se hace una costra en el campo que dificulta la vida.

Las variedades que ellos tienen son, de uva blanca, garnacha blanca, macabeo y moscatel, y del tinto, garnacha tinta, tempranillo, cabernet sauvignon y cariñena. A veces hay fincas que tienen dos o más variedades, repartidas en los distintos bancales o bancales del campo.

Sobre el vino de la Cooperativa Vicent nos dice que "es el mejor del mundo, es el que encuentro más gustoso y se une el sentimiento de ser cooperativista".

Si le preguntamos por diferencia que existe entre el vino de la Terra Alta y otros vinos, lo tiene claro: dice que es “el cuerpo y el sabor”, que llena más, que está todo más ligado.